Dos hermanos americanos se encuentran separados

Brasil y Argentina, conservadores y progresistas, capitalistas y socialistas; las divisiones que atraviesan a los pueblos americanos(1) se percibe desde la política internacional hasta los vínculos sociales cotidianos de los individuos. ¿Es posible pensar esta división en términos que no sean los de la confrontación?

Dos hermanos en discordia

Desde Caín y Abel, nuestra cultura nos conduce a interpretar al otro, al diferente, en términos de contraposición y juicio de valor: aquí y allí, alguien está juzgando la postura del semejante de un modo totalmente descalificador; se trata de la marca de Caín asesinando a su hermano. La tradición judía también nos trae el caso de Jacob-Israel, quién en la sociedad patriarcal hebrea roba los beneficios de la primogenitura chantajeando a su hermano Esaú y éste, traicionado, pasa su vida en el odio y resentimiento que busca la venganza hacia su hermano. O sea: tenemos una mentalidad que fue adiestrada en nuestra cultura para interpretar al diferente como enemigo. Pero el diferente, como dije, también es semejante, porque estos mitos nos hablan de hermanos.

¿Es posible romper la ecuación del odio?

Depende. Quizás la respuesta no sea el ideal.

Desde el punto de vista de las tradiciones religiosas, la respuesta fue la legalización de las relaciones, lo mismo realizó el derecho en Occidente. Sin embargo, Jesucristo criticó duramente el hecho de utilizar el juicio de valor sobre el prójimo bajo cualquier pretexto que condujese hacia la violencia.

Una historia actual

Tenemos -nosotros, los papás- una historia más que contar, otra vez entre hermanos, pero esta vez con una diferencia: en ella está presente el padre.

Uno de los hermanos es un auténtico moralista, jamás ha estado fuera de la protección de la empresa paterna y desconoce el mundo, no ha viajado a Europa, no ha tenido experiencias extremas sino que se ha limitado a una vida ordenada, con la misma novia de siempre, hasta parece que su padre se la eligió. Tiene todo, pero no ha generado nada por sí mismo. Es claramente el hermano mayor.

El hermano menor es exactamente lo contrario: rápidamente dilapidó su parte de la fortuna familiar, viajó de mochilero por el mundo, en algunos años que vivió en Italia se casó y tuvo un hijo, por supuesto ya se ha divorciado y es el padre ausente prototípico. Alcohol, drogas, mujeres y excesos han sido el alimento diario de su alma por muchos años…

Pero algo ha cambiado la historia recientemente. El hermano menor contrajo una terrible enfermedad cuyo tratamiento no puede afrontar -pues ya perdió todo su capital- y debe hacer algo que jamás pensó que haría: debe volver a la casa paterna.

Meses de incomunicación, años surcados con algún mensaje casual, éstos han sido los restos de la comunicación que ha mantenido con su padre y hermano durante su larga travesía. Su padre es un hombre fuerte, el jóven recuerda la imagen dura y atemorizante que tenía de él de niño; sabe que el retorno no será sencillo y que lloverán sobre sus espaldas los reproches acumulados por el padre desde Adán y Eva. No obstante, no tiene otra opción, debe volver.

Mientras el vuelo atraviesa el cielo y el océano, su butaca junto a la ventana le permite sumirse en la meditación; simplemente pedirá perdón a su padre y éste tendrá en sus manos su destino. Una sutil angustia surge desde su pecho hasta estallar en una lágrima silenciosa que cae por su mejilla. Su consciencia no se lo permite, pero siente la tristeza de la distancia, de tantos años lejos del papá poderoso pero frío de la infancia.

El aeropuerto en Argentina lo sorprende. No es lo que esperaba, su padre está allí esperándolo y puede notar de lejos el cambio. Es un hombre entrado en años, el pelo y la barba se hallan superpobladas de canas, los surcos en la piel lo alejan de aquel rostro infantil cuya huella permanecía en su mente.

Papá se acerca con paso veloz, a punto de correr hacia él y puede ver la alegría y emoción de su papá que lo recibe con el más fuerte abrazo que jamás conoció. Qué extraña sensación, este abrazo de hombre a hombre, de padre a hijo, ¿cómo puede expresarse? ¿con qué puede compararse?

El viaje de regreso a casa se plena de agradecimientos del padre por su visita. Los días siguientes no sólo implican la provisión del padre para sus necesidades de salud sino que ha decidido ponerlo a cargo de la empresa familiar. El padre no deja de hablar a sus allegados acerca del orgullo que siente por su hijo.

Pero la historia no termina aquí…

Había otro hijo, el hermano mayor, aquel que no cometió ningún extravío ni desacato. Su corazón no tiene paz desde que su hermano ha llegado; la ira y el resentimiento desbordan sobre él y solo atina a alejarse, sintiendo el desprecio de su padre por el hijo que durante todos estos años le ha sido fiel sin jamás cuestionar una de sus palabras. No es un final feliz, no lo es de ninguna manera.

El padre percibe la situación del hijo mayor y se acerca a él, lo conduce a su oficina y mantiene con él una conversación privada cuyo contenido no reproduciremos en este comentario. Sólo una cosa revelaremos del secreto familiar.

El padre le dice a su hijo mayor que el día que regresó su hermano hubo tres hombres en su casa: uno que se ahogó en la ilusión maternal, otro que se asfixió en las reglas acusadoras y un padre que rompió la ecuación. Y agregó una palabra más:

Te llevará toda la vida comprenderlo.

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(1). Voy a hacer una aclaración necesaria: América no es EE.UU., América es un continente que engloba a dicho país y muchos otros. Es hora de retomar el diccionario.

Publicado por

Dr. Mariano Ellison

Psicólogo, por UNR. Ph.D. en Psicología Económica, por U.Palermo. Investigador

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