Las masas evolucionan hacia el autoritarismo

La enorme cantidad de personas que habitamos esta parte del mundo somos conscientes acerca de cómo nuestros jóvenes pueblos, una y otra vez, se orientan hacia los líderes políticos autocráticos, aquellos que optan por el ejercicio violento del poder y bajo su sola decisión. Muchas veces me hago la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué somos así?

Una ausencia

Una mirada superficial podría llevarnos a pensar que ciertos hombres, tiranos, se aprovechan de la ingenuidad de la gente para imponerse en el mando y, tras engañarlos con mentiras, se aprovechan de sus recursos. Con esto no me refiero solamente a figuras de presidentes, sino a muchos cargos de poder en la toma de decisiones, aún en las asociaciones deportivas y no gubernamentales.

Nada más alejado de la realidad que esta descripción; si conocemos la realidad global en cuestión, rápidamente podemos notar que dichos referentes de poder son altamente valorados por un sector masivo de la sociedad. Las minorías suelen adjudicarles «falta de educación y engaño», o «pan y circo»; sin embargo, existe un poderoso motivo para ello. La colectividad está buscando algo, intentando suplir una necesidad, un faltante; quizás reparar un vacío más grande que la pobreza y el hambre. ¿Puede existir algo así?

Qué necesita el corazón de nuestra especie

Si observamos la historia y la formación de las monarquías a lo largo y ancho del mundo, podemos observar el mismo fenómeno, la misma necesidad de un rey, un líder, un referente. Todo esto tiene un aspecto cultural, remite al modo de organización social. ¿Hay algo más?

Desde mi punto de vista, como psicólogo clínico, la búsqueda de un líder fuerte y poderoso es una reacción a la ausencia de padres en los hogares y familias. La entronización de un hombre en el poder -porque la gran mayoría de las veces es un hombre- viene a suplir la carencia de un papá en casa, de una figura protectora y proveedora. Dicha necesidad insatisfecha se traslada hacia la demanda social del conjunto de personas. Por lo tanto, lo que necesita el corazón, lo que está anhelando el sentimiento de muchísimos individuos, es un papá.

Un tercer momento

La historia no termina aquí. Sin dudas los pueblos de todos los lugares y de todas las épocas se quedan detenidos en esta etapa durante mucho tiempo, no obstante, existe una situación posterior hacia la que esto debería evolucionar en la vida de un individuo y de un colectivo de personas.

El tercer tiempo es el de la distribución de las cualidades de la figura paterna a todo el grupo. Un jugador de baloncesto alcanza un nivel de destrezas nunca antes visto -se entrona en la función paterna-, durante un tiempo es admirado, luego todos los jugadores interiorizan sus características de juego; la función paterna es aquí «intrapsíquica», sucede en cada individuo sin necesidad del referente externo. Pero para que Ginóbili juegue en la NBA hace falta algo más…

La bifurcación

Lo que separa a un hombre de un niño, sea la edad que éste tenga, no tiene que ver con sus destrezas, sus talentos ni su éxito social. La bifurcación se produce cuando un hombre puede afrontar el mal (no «enfrentar»). Esto es lo que realmente define a la función paterna, y en Latinoamérica no hay quién pueda hacerlo, porque papá está ocupado en otras cosas (tomando cerveza y mirando el partido de fútbol).

Si bien no tuvo hijos, Jesús fue alguien que debió afrontar el mal; lo hizo al reconocer que éste se encuentra en el que juzga y no en el juzgado, una completa inversión de la realidad sin antecedentes ni sucesores. Lo hizo al reconocer que la idea patriarcal y moralista de Dios sólo servía para sacrificar niños e inocentes, además de mujeres. Si se lo considera en el contexto en que nació, nadie pudo hacer algo similar. ¿Por qué lo menciono aquí? Porque su mensaje estuvo centrado plenamente en una figura, la de Dios como Padre bueno y compasivo con el que sufre; en sus menos de tres años de predicación sólo habló de una cosa: de su papá, y con esto cambió la historia. Sin dudas…

Aquí hay papá!

Publicado por

Dr. Mariano Ellison

Psicólogo, por UNR. Ph.D. en Psicología Económica, por U.Palermo. Investigador

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